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martes, 17 de febrero de 2015

El chico del tren... (Capitulo 11: ¿Dónde estás?).


Iker estaba tratando de concentrarse por última vez en la escritura de su crónica semanal, hoy se encontraba en la oficina para asegurarse de que fuera entregada a tiempo. Al lado de su pequeño cubículo estaba Liza, trabajando en lo propio y con el volumen de la música alto. La canción ya se había repetido 5 veces, Iker se sintió irritado, así que se dirigió a la oficina de Liza y se detuvo en la puerta.

- Hola Liza
Ella alzo la mirada, bajo el volumen de la música y contesto cortante.
- ¿Se te ofrece algo?
- ¿Podrías bajar un poco el volumen o al menos cambiar la canción? Créeme, adoro “More than words” pero después de 5 veces seguidas puede resultar… deprimente
- ¿Ah sí? Disculpa, olvide que cuando estás en la oficina todo te fastidia.
- No Liza, no me fastidia nada, es solo que escuchar una canción tantas veces seguidas me es tedioso.
- bien, me pondré los audífonos y podrás trabajar en paz.

Liza ni siquiera espero a que Iker dijera algo, se coloco los audífonos y volvió la mirada a su ordenador, Iker se retiro confundido y cerró la puerta de su cubículo.

Liza estaba editando algunos artículos sobre la alimentación y el taekwondo, cada 5 minutos revisaba su móvil y su correo electrónico. Samuel llevaba 3 semanas sin dar señales de vida, ella no se consideraba una mujer histérica o desesperada, pero la situación le incomodaba y preocupaba. A estas alturas ya le había mandado varios mails, mensajes de voz  y llamadas sin obtener resultados. Estaba confundida. La puerta de su oficina rechino y ella salió de sus pensamientos. Iker estaba de nuevo parado en la puerta y muy tranquilo le propuso

- ¿Por qué no vamos a cenar algo? Yo ni siquiera he comido y sé que tu tampoco.
- No tengo hambre. Contesto secamente Liza
- De acuerdo, es tarde, al menos permíteme acompañarte a tomar el tren. Se ofreció Iker
- Puedo cuidarme sola Iker, descuida.
- ¿Tienes que ser tan cortante?
- ¿Tienes que ser tan insistente?
- Bien, linda noche Liza, nos vemos.
- Adiós.

En cuanto escucho sonar el ascensor Liza se arrepintió de haber sido tan grosera con Iker, el solo quería ser cortes y ella se estaba portando fatal con alguien que no era culpable de su estado de ánimo.

A la mañana siguiente antes de llegar a la oficina compro un chocolate y le puso un papelito que decía “Lo siento”, lo dejo en el cubículo de Iker, con la esperanza de que lo viera pronto. Su celular comenzó a sonar y ella se emociono, pero regreso casi a la normalidad cuando vio de quien era la llamada.
- Andrés ¿Cómo estás?
- Excelente, pero tú no ¿Qué pasa?
- ¿Cómo sabes que no estoy bien?
- Vaya, para empezar me has saludado diciéndome Andrés y luego me lo has confirmado con tu pregunta.

Liza sonrió, hacia días que no lo hacía, como siempre Andrés lograba confortarla aun a kilómetros de distancia.
- Samuel desapareció, no me contesta las llamas ni los mensajes…
- ¿Qué le hiciste?
- No le he hecho nada en absoluto, el me dijo que estaría distante un tiempo, pero nunca que estaría como desaparecido.
- Ve a buscarlo a su casa, asegúrate de que este bien, antes de sacar tus conclusiones locas, como siempre.
- Se que está bien, tengo a su hermano en Facebook, ha publicado fotos donde sale Samuel y se ve bien.
- Ve a buscarlo a su casa, asegúrate de que está bien, antes de sacar rus conclusiones locas.
- oh, pareces un disco rayado
- y tu pareces una chiquilla de 14 años, búscalo.
- hecho
- hasta pronto
-bye

Con todo el valor que logro acumular a lo largo del día, Liza se encontraba frente a la casa de Samuel, se sentía confundida, temía que Samuel no quisiera verla y eso le dolía, pero no había  ninguna razón para que el no quisiera verla, al mismo tiempo temía que algo grave estuviera pasando. Antes de que sus nervios la hicieran retroceder, toco el timbre. La mamá de Samuel abrió la puerta.
- Buenas noches
- Buenas noches señora, Soy Elizabeth Ibáñez, busco a Samuel.
- Mucho gusto Elizabeth soy Teresa Olmos, la madre de Samuel, el ya no vive aquí.
El corazón de Liza se acelero en ese instante y sintió como si la tierra se abriera debajo de ella. Logro tranquilizarse, justo cuando iba a comenzar a hacer más preguntas apareció detrás de Teresa, Said.
- Hola Liza, que gusto verte.
- Hola Said
Said abrazo a Liza para saludarla, mientras la madre de Samuel desaparecía de la puerta. Liza estaba ahora más confundida y al borde del llanto.
- ¿Qué ocurre Liza?
- Es que yo… yo no sabía que Samuel ya no vivía aquí, no me lo ha dicho, no sé nada de él desde hace 3 semanas.
Said medito unos instantes y le dijo:
- Se que vives cerca, te parece si te acompaño a tu casa y mientras tanto conversamos
Liza asintió y comenzaron a caminar.
- ¿Qué fue lo que te dijo Samuel?
- Solo que tenía algunos inconvenientes y que necesitaba su espacio, pero ha pasado un tiempo considerable y me preocupe.
- Liza, yo no puedo decirte mucho, son cosas de Samuel, sinceramente yo creí que él y tu habían terminado.
- ¿Por qué creíste eso? ¿Acaso el lo menciono? ¿A dónde se fue a vivir y porque se ha ido? Said ayúdame a entender
- No soy la persona indicada para contestar a tus preguntas Liza, en cuanto Samuel se comunique conmigo le diré que te llame. Lo prometo
- ¿El está bien?
- Si Liza, el está bien, eso puedo asegurártelo.
Se despidieron rápidamente y Liza entro a su cuarto, se sentía completamente desubicada, no entendía en absoluto lo que pasaba y estaba al borde del llanto. Su timbre sonó, se miro al espejo para asegurarse de que no se viera muy obvio su estado de ánimo y fue a abrir.
- Hola Liza. Iker estaba frente a ella, sonriendo, pero en cuanto vio a Liza, su cara cambio y todo lo que hizo fue abrazarla.
Liza comenzó a llorar, mientras Iker se limitaba a abrazarla fuertemente en silencio. Paso un largo rato antes de que ella se calmara y se separo al fin.
- ¿Te preparo un té? Pregunto Iker
Liza asintió y lo dejo pasar, cuando Liza finalmente se acabo su té y estuvo más tranquila, se disculpo con Iker.
- Lamento mi comportamiento de estos últimos días y lamento lo que acabas de presenciar, es tan solo que… Liza se detuvo
- Es tan solo que siempre tengo mal tino para llegar contigo… se adelanto a decir Iker
- No, yo no lo veo así. Hoy has sido de mucha ayuda para mí. Gracias por llegar en este momento.
Liza sonrió con tristeza, Iker entendió que debía marcharse y se despidió.
- No importa la hora o el día, si necesitas algo llámame por favor. Le pidió Iker
- Lo hare, lo prometo.
Volvieron a abrazarse y mientras lo hacían, él le susurro al oído.
- Sea lo que sea, pasara Liza, eres una persona muy fuerte y especial, no lo olvides. Cuentas conmigo nena.
- Gracias. Se limito a decir ella.
Cuando finalmente regreso a su cuarto, miro su mail y para su sorpresa había ya un mensaje de Samuel en su bandeja de entrada
DE: Samuel
Para: Liza
Hola Liza,
Sé que has ido a buscarme hoy a mi casa….

Continuara…

“Incluso en los momentos que más solo te sientes, hay alguien a tu lado dispuesto a ayudarte, solo que a veces no somos capaces de distinguirlo, pues no ciega la tristeza o la desesperación”



 Sun-mi L.M.

martes, 25 de noviembre de 2014

El chico del tren… (Capitulo 6: La laguna)


Era una tarde lluviosa, Liza se mantenía ocupada en casa, organizando y revisando, los nuevos artículos para el periódico en el que trabajaba. Vio por enésima vez su nueva foto en la repisa, era de ella junto a Iker, la habían tomado en la fiesta de hace dos semanas. El lucia muy apuesto y con una enorme sonrisa, ella también se veía feliz, sin duda aquel día al lado de Iker fue especial, ahora por cuestiones de trabajo Iker estaba fuera de la ciudad y casi no habían hablado, cosa que ha decir verdad a Liza no la tenía preocupada, pero ciertamente tampoco indiferente del todo. El sonido del celular la saco de sus pensamientos y le dio un giro el corazón cuando leyó aquel mensaje.

“Hola Liza, soy Samuel. ¿Tienes planes para hoy? ¿Podríamos hacer algo cuando pare la lluvia?”
Liza, se quedo muy quieta por unos instantes, acto seguido comenzó a dar saltitos por toda la habitación, leyó unas 4 veces el mensaje, hasta que finalmente, logro concentrarse, se hecho sobre la cama y escribió la respuesta.

“Hola Samuel, me parece excelente el plan, en cuanto pare la lluvia, nos vemos”.

Cuando Liza abrió la puerta, lo primero que vio fue la sonrisa amplia de Samuel, llevaba unos vaqueros ajustados, un camisa blanca con gris a juego con sus tenis y una chaqueta roja. Como siempre pasaba, cuando se volvían a ver, hubo unos instantes de silencio.
- Hola Liza, que gusto verte. Dijo finalmente el
- Hola Samuel, el gusto es mío. Respondió ella

Los dos se encaminaron por la calle, había ya un poco de sol y una brisa fresca que los acompañaba, llevaban días hablando por mensajes de texto y mails, sobre su vida, sus gustos y sus disgustos, pasar tiempo juntos se había vuelto ya casi una rutina. Cualquier cosa era un pretexto para iniciar una conversación, que podía prolongarse por horas.

Ahora caminando juntos, hacia uno de los lugares favoritos de Liza, ella se sentía feliz, el chico del tren, era ya especial para ella y él, la hacía sentir también especial.
- ¿Por qué te gusta tanto este lugar Liza? Pregunto él, mientras miraba la inmensa laguna que tenían en frente, era un lindo lugar, con muchos árboles alrededor,  las flores marchitándose por el otoño y muchas hojas secas cubriendo el suelo.
- Me da mucha tranquilidad, es perfecto para leer, escribir o disfrutar de una buena charla al lado de alguien especial. Respondió ella
Los ojos de él se iluminaron y la vio con mucha ternura. Mientras las mejillas de ella se sonrojaban levemente.
- Gracias por mostrármelo, no tenía idea de que un lugar así, estuviera tan cerca de donde vivo. La miro muy pensativo y continuo..
-No tenía idea de que una persona como tú, vivieran tan cerca de mí. Siempre que te veía me parecías interesante pero nunca imagine cuanto. Concluyo el
- Bueno, yo tampoco tenía idea de muchas cosas, hasta que te conocí. Aseguro ella con un poco de nerviosismo

- A veces cuando piensas que la vida ya no tiene nada nuevo para sorprenderte, pasan este tipo de cosas. Dijo Samuel
- Y entonces no solo la vida te sorprende, si no que uno se sorprende de sí mismo. Continúo Liza.

Mientras caminaban de regreso a casa, Liza se acerco un poco más de lo normal a Samuel y de pronto Samuel la rodeo por la cintura y puso suavemente la cabeza de Liza, sobre su pecho.

Sola, en su habitación aquella noche, Liza se durmió con un solo pensamiento y una sola imagen en su mente, Samuel.

“Pasar tiempo al lado de las personas indicadas, nos puede envolver en una dulce gama de felicidad”

Continuara…

Sun-mi L.M