Mostrando entradas con la etiqueta biblioteca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biblioteca. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de diciembre de 2014

El chico del tren… (Capitulo 7: La biblioteca)


 Liza se maldijo por segunda vez, no lograba que la caja para el regalo de cumpleaños de Samuel, quedara bien.  Llevaba dos semanas preparando todo meticulosamente, recorrió varias librerías para encontrar esa edición de “El guardián entre el centeno”, también compro una mochila, ya que a Samuel le gustaba coleccionarlas.
Sonó el teléfono y ella se apresuro a contestarlo.
- Bueno
- Hola Liza, ¿Cómo estás?
- Andrés, que gusto saludarte, Dios, ¿Donde te metes? , siempre es un lío saber de ti, ni porque soy tu mejor amiga. Le reclamo ella
- Vaya, te llamo y solo te quejas. ¿Sabes hacer otra cosa?, no sé, tal vez…  ALEGRARTE. Dijo Andrés con tono divertido.
- Me alegro, por supuesto, pero admite que siempre me abandonas. Hizo berrinche ella
- Vale. Me quiero reivindicar, salgamos hoy en la noche. Propuso el
- La verdad, tengo planes con Samuel, pero quiero verte, antes de que salgas a un nuevo  viaje y te pierdas unos 3 años de mi vista.
- Deja el drama y dime ¿Quién es Samuel? Contesto curioso Andrés
- Vamos mañana por un café y te cuento a detalle.
- Claro que si Liza, te veo en la cafetería de siempre. Respondió Andrés
- Hasta entonces Andy.  Dijo Liza aguantándose la risa, pues sabía cómo tomaría Andrés, la pequeña travesura que acababa de hacer.
- ahhh genial, usaste el maldito diminutivo. Protesto el
- ohhhh usaste la palabra “maldito”, ¿Donde están sus modales caballero? Le cuestiono ella.
- En el mismo lugar que tu sentido del humor.
- Hasta mañana Andrés
- jajaja hasta pronto ENOJONA
Después de un largo trayecto, Liza llego al punto de encuentro con Samuel. Se trataba de la biblioteca de la ciudad, donde ambos solían verse últimamente, era un día esplendido, el sol estaba en su punto más alto y a pesar de ser invierno, el aire no se percibía fresco. Cuando entro a la biblioteca, el sol la iluminaba totalmente, lo que hacía que todos los estantes y libros, brillaran.
Liza subió las escaleras con sumo cuidado, por el miedo a caerse o peor aún, estropear el regalo, para Samuel.
Cuando llego a la gran sala, Samuel estaba al otro extremo, aprovechando que él no podía verla, se detuvo para espiarlo. Samuel llevaba unos vaqueros obscuros, una camisa a cuadros en tonos azules y una chaqueta negra a juego con sus zapatos. Estaba totalmente atrapado en la lectura de un libro que para satisfacción de Liza, se trataba de una de sus recomendaciones, “La Dama de las Camelias”. Liza camino y se sentó junto a Samuel, que al sentir la presencia de alguien, bajo inmediatamente el libro y miro a Liza con alegría.
- Hola Preciosa, no te he visto llegar.
- No te culpo, note que ese libro te tenía atrapado.
- Realmente me está gustando, yo esperaba algo más cursi, siendo una recomendación tuya, pero al parecer Alejandro Dumas, es más trágico que cursi. Dijo él, mirándola muy serio.
Liza lo fulmino con la mirada y le arrebato el libro, dándole con este un golpecito en la cabeza.
- ¿Cursi yo? no soy tan cursi y si así fuera, deberías de agradecerlo. Dijo ella con cara de puchero.
Samuel sonrió y la abrazo, se unieron en un largo y tierno beso.
- Esto es para ti. Dijo ella apartándose de Samuel y poniendo en sus manos el regalo.
- Liza, muchas gracias, no era necesario. Aunque claro, se siente bien recibir regalos.
Ambos rieron y Samuel saco primero la mochila, la cual le encanto, después tomo con mucho cuidado el libro y al abrir la primera pagina, encontró una pequeña tarjeta que decía:

Querido Samuel:
Gracias por compartir tu tiempo, tus sonrisas y tu ser, conmigo.
 Iluminas de tonos increíbles mi vida.
ATTE: Liza

Samuel sonrió, abrazo fuertemente a Liza y se besaron por un largo rato.
Pasaron toda la tarde juntos,  comiendo, paseando, peleando por la película que querían entrar a ver.  Al final Samuel gano la batalla, al recordarle a Liza, su derecho a decidir por ser el festejado.  El camino de regreso a casa fue largo. Ambos iban cansados y sin embargo se notaban felices, las personas a su alrededor, solían verlos con cara de ternura, mientras ellos platicaban o simplemente se miraban.
- Liza, ha sido un día maravilloso, nunca lo olvidare. Dijo Samuel parado frente a la casa de Liza
- Para mí también ha sido increíble. Dijo Liza, mientras le acariciaba las mejillas a Samuel.
Por un momento, la mirada de Samuel le pareció diferente a Liza, como si su brillo se apagara. Estaba a punto de preguntarle lo que le sucedía, pero Samuel se adelanto.
- Mañana iré de compras con mi padre, todo el día. No podre venir a verte, pero seguimos en contacto.
- Claro que si, descuida ¿Qué van a comprar?
- Cosas para reparar la casa, al parecer mi padre ha decidido que quede todo en orden, antes de año nuevo. Dijo Samuel
- ¡Año nuevo! Exclamo Liza
- Si, ya sabes, en mi familia esas festividades se toman muy en serio. En tu caso, pasan desapercibidas por lo que veo. Dijo mirando la casa de Liza, donde no figuraba ningún adorno navideño.
- No es que no lo tomemos en serio, es que lo hacemos a nuestro estilo. Se defendió Liza
- Bueno, hasta pronto Liza
- Hasta pronto Samuel
Se despidieron con un beso y Liza cerró la puerta. Casi en automático, comenzó a vibrar su celular, miro la pantalla y vio 3 llamadas perdidas de Iker. Por mucho que Iker le pareciera agradable y fuera una excelente persona. Estaba claro que el interés de él, no era solo amistoso y Liza estaba ahora con Samuel, se sentía mal de no contestar al menos la llamada, pero decidió que el silencio era la mejor respuesta.
Dio un gran suspiro y dejo que el aparato siguiera sonando mientras ella se preparaba para dormir.

“Todos vivimos momentos especiales, esos que sin importar donde este ahora la persona con quien los vivimos, están tatuados en nuestra memoria”


Continuara…

Sun-mi L.M