miércoles, 21 de enero de 2015

El chico del tren… (Capitulo 9: Una cita especial).


Liza se encontraba terminando uno de sus artículos semanales, hacia poco que su jefe le permitió escribir en el periódico, lo cual la tenia alegre y a la vez con  una mayor carga de trabajo pues no abandonaba la parte de editar escritos. Ella sabía que era buena escribiendo sin embargo se daba cuenta de que redactar semanalmente una pequeña columna, ya no la llenaba ni tampoco lo hacia el editar el trabajo de los demás. El sonido de su celular la sobre salto.

-  Hola amor, estoy a 10 minutos de llegar al cine. ¿Quieres que compre los boletos de una vez? Pregunto la voz entusiasmada de Samuel
- Me parece excelente idea, estaré contigo en unos minutos.

Liza pudo reconocer rápidamente a Samuel desde lejos, tenía esa extraña manera de pararse recargado en la pared, una pierna flexionada, una mano sosteniendo su libro y la otra metida en la bolsa de su pantalón. Hoy lucia especialmente atractivo, vaqueros azules, chaqueta café y tenis negros.

- Hola amor ¿Cómo estás?
- Feliz de librarme del trabajo por hoy…
- Oh Liza, has roto mi corazón, creí que estabas feliz por verme
- Ah si eso también

Samuel hizo una mueca de desaprobación y jalo por la cintura a Liza para besarla apasionadamente.

- La película comienza en una hora ¿Vamos por un café?
- Claro, vamos amor
- Repite eso…
- Claro, vamos amor
- Suena tan lindo para mis oídos
- Pues también mis labios sienten lindo al pronunciarlo
Ambos rieron y se dirigieron a la cafetería, Liza como de costumbre pidió un café  Capuchino mientras Samuel opto por un Té Chai.

- ¿Cuál es tu problema con la cafeína? Lo cuestiono Liza
- Ninguno pero el Té Chai me parece delicioso
- Si yo tomo cualquier cosa que lleve Té siento que estoy enferma
- Bueno pues si yo tomo cafeína me siento nostálgico, como en un funeral
- ¿Existen funerales donde sirvan Capuchino?
- Lo dudo, pero si un día me encuentro en uno, llamare y te invitare.
- Eres tan romántico…
- Lo sé, lo sé.

Samuel miro dudoso a Liza, pero finalmente cambio el tema y le pregunto
- Quisiera saber si ya me has perdonado por dejarte sola en la obra de teatro.

La cara de Liza se puso seria, mientras Samuel bajaba la mirada lo cual la hizo sonreír a ella
- Samuel no hay nada que perdonar entiendo que te surgió un imprevisto aunque aun no me has dicho cual. Por lo de estar sola, bueno, estaba con Andrés y lo único que me pesa es que no lo conociste.
- Amor lo lamento de verdad pero tenemos tiempo para eso, lo conoceré.

Durante toda la película se la pasaron abrazados y por primera vez ambos estuvieron de acuerdo en que la película había sido buena.
- Fue un final poco romántico. Dijo Samuel
- Si, aunque admiro a la protagonista
- ¿Si? ¿Por qué?
- Pues ya sabes, las protagonistas generalmente actúan como tontas, es decir, eligen quedarse con el tipo que las hace sufrir y tener por mejor amigo al que las quiere de verdad.
- ¿Quiere decir que si te hago sufrir aunque sea un poco me botaras?
Liza se quedo parada un momento, sabía que esta respuesta era importante.
- No se trata de eso Samuel, es solo que para mí el amor no tiene porque doler. Tendrá problemas, inconvenientes, pruebas, pero si se tiene la confianza y comunicación necesarias todo tiene solución.
- En eso tienes razón.

Samuel se quedo pensativo por varios minutos, cuando finalmente levanto la mirada, se encontró con la de Liza y eso lo relajo. De pronto se animo demasiado y le dijo a Liza
- ¿Te gustaría hacer algo más esta noche?
- ¿Tienes algo en mente?
- Si, me gustaría mostrarte algo muy especial para mí, el único inconveniente es que… tendríamos que pasar la noche en ese lugar…
La mirada de Liza hizo reír a Samuel y se apresuro a decir
- No seas mal pensada Liza, es un lugar retirado, por eso el ir y venir en una sola noche sería complicado.
- ¿Qué lugar ese? Pregunto Liza, mientras se reponía del rubor en sus mejillas
- ¿Confías en mi?
- En teoría…
- Bien, en teoría no hagas preguntas y vamos
- Vamos

Samuel no mentía cuando dijo que el lugar estaba retirado, llevaban 2 horas de camino y Liza no le veía fin al viaje. Samuel estaba muy pensativo. La mayor parte del recorrido la hicieron en silencio.

Una vez que llegaron a su destino Liza quedo asombrada. Era una casa antigua, con una hermosa fachada de piedra y rejas color negro, entraron por una pequeña puerta que daba al jardín principal, donde había diversas plantas y flores. Sobre el pasillo estaban acomodadas varias mesas hechas de troncos de árboles, los bancos estaban hechos del mismo material y cada mesa tenía un florero improvisado con una botella y flores de clavel dentro.  Samuel llevo a Liza hasta la cocina, la cual era antigua, tenia hornos de piedra en las paredes, una gran mesa de madera en el centro, ollas de barro de todos los tamaños, palitas de madera, el fregadero era de azulejos amarillos con azul y preciosos cuadros pintorescos colgaban en una de las paredes principales. Ella estaba encantada y dijo sin parar de mirar hacia todas direcciones.
- Esta increíble este lugar, pero no entiendo ¿Qué hacemos aquí Samuel?
- Ya lo veras, ponte cómoda, en la olla que esta sobre la estufa, hay café con canela, sírvete un poco, espérame sentadita en una de las mesas del jardín  y se muy paciente por favor.

Liza obedeció las indicaciones de Samuel, se sirvió el café en una taza y se sentó en una de las mesas del pasillo, estaba ansiosa por saber de qué se trataba todo esto, pero se tranquilizo y disfruto el café, el cual estaba delicioso.
Unos minutos más tarde salió una chica de la cocina, vestida de chef.
- Hola Liza, soy María y estaré atendiéndote esta noche, Samuel me pidió que te advirtiera que no debes hacer preguntas, que solamente te concentres en disfrutar este momento.
- Mucho gusto María, seguiré la advertencia de Samuel.
María dejo el primer plato en la mesa, era crema de elote, la favorita de Liza. Sin prisa pero ansiosamente, ella comenzó a probarla y le encanto. El segundo platillo fue espagueti  sencillo con un poco de crema y queso. El plato fuerte consistió en una papa al horno, rellena de tocino, queso y otros ingredientes que Liza no pudo distinguir, pero que le parecieron deliciosos.
Después de tan deliciosa comida, Samuel salió finalmente de la cocina con el postre en la mano y una carita de intriga.
- Bueno, dime Liza, ¿Te está gustando esta experiencia?
- Claro, estoy fascinada, pero tengo mil preguntas…
- No, nada de preguntas, quiero que pruebes el postre, es flan, espera no pongas esa cara, se de sobra que no te gusta el flan, sin embargo he conseguido que este sea diferente y te aseguro que te gustara.
Liza iba a tomar la pequeña cuchara para probar el flan, pero Samuel se adelanto, corto un pedacito del postre y se lo dio en la boca. La cara de ella se ilumino y sonrió
- Samuel, esta delicioso, sabe a caramelo, es increíble, en verdad me gusta.

Samuel sonrió, le encantaba la forma en la que Liza se expresaba sobre lo que le gustaba y sobre lo que no, eso era lo que más adoraba de ella. Se unieron en un largo beso y después de dar las gracias a María por todas las atenciones, se sentaron en una banca del jardín a disfrutar el amanecer mientras bebían una taza de café y se abrazaban.

Cuando Liza despertó lo primero que vio fue el reloj de Samuel indicando las 8:16 am, se desprendió suavemente de los brazos de él y lo miro con ternura mientras dormía, le acaricio la mejilla y Samuel despertó con una sonrisa al ver a Liza.
- Creo que es hora de irnos amor
- Creo que sí, pero ¿Quieres desayunar antes de irnos?
- Claro que si

Se acomodaron en la mesa de la cocina y se encontraron con la mesa ya servida, al parecer María no dormía.
- Liza, es el momento de las preguntas, haz todas las que desees
- Samuel, prefiero que tú me lo expliques, en realidad no sé ni que preguntar, solo puedo agradecerte por estos momentos tan maravillosos.

- Comenzare diciéndote que a mí no me gusta la medicina, la estoy estudiando porque mi papá me lo pidió, fue su requisito para apoyarme económicamente, en su momento no me quedo más remedio que aceptar y sé que soy bueno en ello, pero no es lo que me apasiona. Hace unos meses antes de conocerte coincidí con un viejo amigo, el es chef profesional y me invito a algunos talleres de cocina, asistí y descubrí que también soy bueno en esto y no solo eso, me fascina. Todo lo que ayer cenaste lo prepare yo mismo. Estoy decidido a dejar la medicina y dedicarme a la gastronomía.
Ahora la cara de Liza era un signo de interrogación. Pero se limito a seguir escuchando a Samuel.
- Se que esto me ocasionara serios problemas con mi familia Liza, estoy a un año de terminar medicina, se que puede parecer tonto abandonar algo cuando estás tan cerca de alcanzarlo pero, simplemente no me siento capaz de seguir ahí, quiero comenzar a vivir mis sueños, no los de los demás.

Samuel se quedo callado y Liza entendió que era su turno de hablar.

- Samuel, no es tonto lo que estás haciendo, es muy valiente. Dejar a lo que has dedicado tantos años para atreverte a realizar lo que realmente sueñas, me parece la mejor decisión que puedes tomar y cuentas conmigo.
- No seré doctor Liza, seré Chef, ¿Eso cambia algo entre nosotros?
- Si, cambia algo muy importante Samuel… ahora el que cocinara serás tú, después de la cena de ayer me queda claro que yo solo podre ayudarte a poner la mesa.
Ambos rieron por un largo rato, mientras continuaban desayunando.

El trayecto de regreso le pareció más corto a Liza, seguían abrazados y en silencio. A decir verdad, entre Liza y Samuel las palabras no siempre eran necesarias, se sentían unidos el uno al otro aun sin hablar. Cuando estaban a punto de llegar a la casa de Liza, su móvil sonó y ella contesto rápidamente.

- Hola
- Hola Liza, perdón si te interrumpo pero necesito tu ayuda. El lunes tengo una entrevista de trabajo con tu jefe, me ha pedido que escriba para la columna del periódico, he estado trabajando en algunos ejemplos pero ninguno me parece suficientemente bueno, ¿Crees que pueda visitarte y me ayudas con eso o nos vemos en algún lugar?
- Hola Iker, voy llegando a casa, quiero descansar un poco, en cuanto esté lista te llamo y con mucho gusto te ayudo.
- Gracias, me salvaras la vida
- Hasta entonces
Samuel vio la sonrisa de Liza mientras hablaba por teléfono y pregunto sumamente intrigado
- ¿Quién era?
- Iker, hermano de la novia de Armando, un compañero del trabajo.
- aja y en tu vida ¿El es?
- Un amigo, tiene problemas con unos escritos que le pidieron para una entrevista de trabajo y le ayudare con su redacción.
- Si es cuñado de Armando, ¿Por qué no le ayuda él? ¿Por qué te pide ayuda a ti?
- Estoy notando ¿celos? en tus preguntas
- No, para nada, solo creo que tal vez no necesite ayuda, tal vez sea solo un pretexto para verte
- No lo creo.
- El sabe que tienes novio ¿Verdad?

Liza sintió palidecer, en realidad Iker y ella nunca habían hablado sobre su vida amorosa. Así que se limito a decir.
- El y yo no somos tan amigos como para contarle con quien salgo, lo conocí hace poco y básicamente cuando hablamos es sobre libros, trabajo y esas cosas.
- Ah mira, contarle con quien sales, creí que tu y yo no solo salíamos, creí que ya éramos novios…
- Amor, sabes a lo que me refiero, además no tendrías celos si lo hubieras conocido el día del teatro…
- Espera… creí que al teatro habías ido con Andrés, Armando y su novia ¿En qué momento apareció  Iker? ¿Por qué nunca lo habías mencionado antes? Y además ¿Sabe dónde vives?

La cara de Samuel era de enojo, Liza se arrepintió de haber mencionado lo del teatro.
- Bien, escucha con mucha atención, lo conocí un par de semanas después de ti, salí con él y con sus amigos una tarde, nos la pasamos bien, como amigos. Después fue cuando tú me invitaste a salir por primera vez y desde entonces no volví a verlo, fue al teatro porque la novia de Armando se enfermo y no querían desperdiciar el boleto, fuimos a cenar, el, Andrés y yo. Eso es todo y sabe donde vivo, porque el día que salimos con sus amigos, me vino a dejar hasta mi casa.
- Una última pregunta ¿Por qué nunca le has hablado a él de mí o a mí sobre él?
- El no es tan importante en mi vida como para mencionártelo ni tampoco tan intimo como para hablarle sobre ti.
-Está bien, disculpa si me altere un poco, es solo que, fue raro.
- Samuel, solo voy a ayudarlo con su redacción.
- Si, lo sé. No te preocupes, de cualquier manera te tendré vigilada

La mirada de Samuel se suavizo y observaba a Liza de manera divertida
- ah sí, ¿Me pondrás un chip?
- No, no hay necesidad, pero si yo fuera tú, me andaría con cuidado con ese tipo
- Celos, celos, celos
- Precauciones, consejos, presentimientos.

Se despidieron con un tierno beso y un abrazo que se prolongo varios minutos. Liza decidió meterse a bañar y dormir un poco antes de llamar a Iker. Había sido una velada inolvidable, el chico del tren le había robado ya el corazón.


“Cuando el amor inunda nuestro ser, entregamos nuestro corazón”

Continuara…

Sun-mi L.M

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